ABOUT ME

pagina andrea

Me llamo Andrea Meza y me pusieron en este mundo para gozar y dejar ir. Eso si lo tengo claro.

Desde que tengo memoria he vivido con una sed de Dios. Un llamado intenso por saber quien soy y saber que vine hacer a este planeta. Me recuerdo que desde chiquita me quedaba horas despierta en la cama pensando en el Universo. Creaba una imagen en mi mente de lo que yo creía que era Dios (algo así como un Santa con una barba que me hablaba desde una nube). Me preguntaba como era posible que ese Dios fuera infinito y eterno. Tampoco entendía que nunca haya tenido un comienzo. Las dudas existenciales inundaban mi cabeza. Le pedía a Dios que respondiera mis preguntas y le rogaba que por favor me permitiera lograr mi máximo potencial aquí en esta tierra (en esa época esperaba que ese potencial tuviera algo que ver con ser actriz y cantante y ser increíblemente famosa). Esto me estresaba demasiado. Estaba obsesionada con saber y lograrlo todo. En esos momentos jamás me imaginaría que a lo largo de mi vida “Dios” contestaría mis preguntas. No de la forma que yo quería o esperaba, si no de la forma que yo necesitaba.

Esta Inteligencia Divina me dio todo lo que yo necesitaba para saber quien soy. Me hizo nacer en la familia perfecta, en el país perfecto, en el momento del tiempo perfecto y me hizo pasar por las experiencias perfectas, todo para enseñarme el camino de regreso al Amor.

Mis papas se divorciaron cuando yo tenía 14 años. Ellos formaron un ambiente de muchísimo amor en nuestra hogar. Yo tenía apoyo, atención y la mejor educación. Mi mamá vivía literalmente por sus hijos y mi papá por asegurarnos que nada nos faltara. El divorcio nos hizo una familia más unida y conectada. Fue la razón de mucha apertura mental y nos permitió dejar ir juicios sobre “el ideal social”.

A pesar de recibir tanto amor en mi casa todavía llegué a ser una adolescente insoportable e insegura. Mi niñez la viví en Estados Unidos y cuando regresé a Guatemala no sentía que encajaba. Me sentía diferente a los demás, muy alta, muy morena, muy tímida. Mi adolescencia se resume en la búsqueda insaciable por conseguir aprobación. No de mi familia sino de mis compañeros. Todo lo que hacía era para sentirme validada. La forma en la que me vestía, con quienes me juntaba, los chavos con que salía. Ya que yo no me amaba buscaba este amor afuera.

Cuando me gradué del colegio tuve mi primera crisis. Sabía que no me interesaba ninguna carrera existente y que amaba el arte pero mis papas querían un título Universitario antes de que yo fuera alcanzar la fama como actriz (según yo). Me metí a estudiar administración ya que en esa época me parecía lo más lógico. Me fue increíble porque me fue tan fatal. Odié la carrera. Conocí a mucha gente, parrandeé demasiado y la búsqueda de aprobación seguía dominando mis actos y decisiones. Por la gracia de esa Inteligencia Universal me suspendieron de la U y me vi obligada a meterme a Psicología. Escogí esa carrera porque era la menos peor, en mi mente. Mi carrera fue increíble, pude ver que nada de lo que me enseñaban me hacía “clic” o me llenaba por completo.

Muchos años antes, más o menos a los 13 años, había leído mi primer libro enfocado en la existencia de algo mucho más grande y perfecto que nosotros. Nunca se me va a olvidar. Leí “Many Lives, Many Masters” de Brian Weiss en un solo día. La mamá de mi tío había dejado el libro olvidado en el puerto y fue como que estaba ahí tirado solo esperando que yo lo agarrara. En esta misma época comenzó a facilitar mi mamá el estudio de “Un Curso de Milagros” en mi casa. Estudio que duró 8 años. Una noche llevó mi mamá una copia del “Tao Te Ching” a mi casa y gracias a mi hermano Dany lo comenzamos a leer en familia cada semana. Luego llegó a mi vida Marianne Williamson, de ahí Wayne Dyer, Jacob Glass y la lista de maestros continúa.

Para cuando llegué a Psicología yo ya estaba empapada de sabiduría espiritual (eso no significa que lo practicaba). Sabía que todo lo que leía era verdad en mi corazón, resonaba con todo mi ser, pero la vida me tenía que dar un par de sacudidas antes para hacerme doblar rodillas y en serio vivirlo.

En fin, cuando me gradué de Psicóloga otra crisis era inevitable. Sabía que no podía practicar una Psicología convencional y sabía que quería ser productiva. Mi solución en ese momento: trabajar en un empresa para que me dieran el chequesito del mes. Viví tal nivel de ansiedad, frustración, disgusto y enojo que la vida me dio un par de mega regalazos para despertarme.

Poco tiempo antes de graduarme mataron a mi abuelito y a mi tía. Fue una experiencia tan perfecta en todo el sentido de la palabra. Tuve que poner en práctica lo que sabía porque fue demasiado obvia la inexistencia de casualidades durante el evento. Esta experiencia me hizo valorar la vida cada momento, me enseñó que no sé nada, que hay un plan perfecto donde todo está escrito, que nada sucede ni un momento antes ni un momento después de su tiempo. Pero sobre todo me enseñó que lo único real es el Amor y que esto jamás muere. Me enseñó todo lo que yo ya sabía de corazón pero esta vez lo presencié tan claro que desde ese momento en adelante fue imposible ignorarlo.

Ya para mi segunda sacudida yo ya estaba despierta. Tuve un accidente en carro contra un tráiler donde casi me muero. El timing tan perfecto de todo lo que sucedió ese día me hizo salir con vida. Mil huesos rotos pero viva. Cuando estaba en cama en mi recuperación y me lavaba los dientes, yo pensaba “me estoy lavando los dientes en el momento perfecto”. Tan así era mi claridad. Experimenté una fuerza perfecta que mueve todo en mi vida y presencié como esta fuerza movía todo sin mi control. Nos sacaron del carro que se quemaba, nos movían de carro a carro, despejaron el camino y llegaron los médicos que necesitaríamos para sobrevivir. Se hicieron las llamadas perfectas en el momento perfecto. Llamadas que nadie entiende como se hicieron o porqué se contestaron. Todo el evento fue una bendición y honestamente puedo decir que me gocé de cada instante. Me gocé esa ida en carro de regreso del puerto al hospital donde no sabía si iba vivir y morir. Me lo gocé tanto porque en ese carro pensaba “Wow! Esto me tenía que pasar. Si salgo viva, jamás voy a hacer algo que no sea auténtico en mi ser.” Y lo cumplí. Me salí de donde estaba trabajando y decidí enfocarme sólo en impartir los cursos de paz interna. No me importó el dinero, si llegaba gente o no, si me entendían, ya no necesitaba la aprobación de ellos (y lo más importante) ya no necesitaba la aprobación de mis papas. Solo quería la mía.

Estos últimos años de enseñar lo que yo he aprendido como cierto han sido los años de mayor gozo, paz, valentía y libertad de mi vida. Conocí a Panache Desai y jamás volví a ser la misma después de una conversación sobre el destino y el libre albedrío que tuve con él. Conocí a Byron Katie, la mujer que se convertiría en mi maestra, mi inspiración y en mi espejo más claro. Gracias a su herramienta “The Work” descubrí como escuchar las respuestas en mi interior y vivirlas. Me liberó del miedo de sentir dolor y me ensenó que el dolor es el regalo más preciado pues ahí es donde entra la luz. Inicié mi proceso de certificación con ella hace un poco más de un año. Ha sido un proceso liberador. Al cuestionar mis pensamientos encuentro mi Verdad y mi paz. A eso me dedico hoy, a dejar ir mis miedos y creencias limitantes para emanar la luz que soy. Es un proceso diario, de momento a momento, pero no hay nada más gratificante que saber que lo que se presenta en mi vida no sólo es lo que necesito si no lo que yo quiero que suceda también (a nivel de alma).

Ese Amor Perfecto que me puso en este camino increíble sin duda me ha ido contestando mis preguntas. No como quería ni de una forma fácil pero como era necesario. Así funciona esta Inteligencia Universal, no sólo en mi vida si no en la de toda la humanidad. Nos da siempre las circunstancias y relaciones perfectas para regresarnos al Amor que radica en nuestro interior.

Este espacio es para compartirles mi experiencia y lo que me ha funcionado a mi. Aquellos que se sientan inspirados a dejar ir conmigo, les doy la bienvenida a mi mente y a mi corazón (que son los suyos).